Hay emociones que no llegan como palabras; llegan como un vacío en el estómago, un nudo en la garganta o esa extraña sensación de tener el corazón pesado. Cuando nos sentimos así, nuestra primera reacción suele ser el rechazo: queremos dejar de pensar, distraernos, dormir y despertar al día siguiente sintiéndonos bien. Sin embargo, hemos entendido mal lo que significa gestionar nuestro mundo interno. Manejar una emoción no es dejar de sentirla, sino aprender a transitarla sin permitir que decida por nosotros. El problema de la interpretación Cuando estamos tranquilos, es fácil convencernos de que debemos respirar, analizar y actuar con calma. Pero bajo la tormenta, todo cambia. Imaginemos que un ser querido toma distancia: tarda en responder o cambia su actitud. De inmediato, la mente se apresura a llenar los espacios vacíos con inseguridades: ¿Ya no me quiere? ¿Hice algo malo?. En ese instante, la emoción se disfraza de verdad absoluta. No obstante, existe una diferencia vital en...
Sigue Aprendiendo. Existe una idea sobre la superación personal que durante mucho tiempo me pareció equivocada: Que crecer significa convertirte en una versión de ti que no comete errores. Como si algún día fueras a llegar a un punto donde fueras suficientemente inteligente, disciplinado, seguro de ti mismo y suficientemente maduro como para no volver a equivocarte. Quizá crecer consiste precisamente en entender que siempre vas a estar aprendiendo. Vas a equivocarte con personas que quieres. Vas a tomar decisiones que después vas a cuestionar. Vas a descubrir partes de ti que todavía necesitan trabajo. Y algunas veces vas a lastimar a alguien incluso cuando nunca fue tu intención hacerlo. Eso no significa que seas una mala persona. PERO tampoco significa que no tengas una responsabilidad. La autoestima no debería consistir en convencerte de que todo lo que haces está bien. Eso no es autoestima; es negación. Tener una buena relación contigo mismo también significa poder mirarte con hone...